En España se producen anualmente alrededor de 50.000 paradas cardíacas, y se estima que fallecen alrededor de 30.000 personas por esta causa anualmente.

El periodo de tiempo en el que la víctima puede ser reanimada tras el paro cardíaco está estimado en un máximo de 5 minutos, siendo los 3-4 primeros minutos fundamentales y aumentando las posibilidades de supervivencia en más del 50%. Por ende, el factor de tiempo se encuentra estrechamente vinculado a las paradas cardíacas, a la vez que se constituye como el enemigo de la víctima, ya que cada minuto que pasa reduce entre un 7 y un 10% la probabilidad de recuperar a la persona infartada.

Para conseguir salvar la vida de la persona que sufre una parada cardíaca se inventaron los desfibriladores, cuya función es esa: salvar vidas. Estos aparatos son capaces de revertir la Fibrilación Ventricular (FV) o muerte súbita, mediante lo cual restablecen el ritmo normal del corazón a través de descargas eléctricas en el tórax de la víctima.

¿Cuándo puede ocurrir una parada cardíaca?

De la misma forma que una parada cardíaca se puede producir en un hospital, en el cual el paciente se encuentra rodeado de profesionales; puede ocurrir por igual en un entorno público, como en la calle, en una parada de metro, o, incluso, en el propio hogar de la víctima, estando esta sola, por ejemplo.

Gracias al avance tecnológico del que somos testigos, los desfibriladores han aumentado su funcionalidad. Es decir, cada vez se convierten en aparatos más manejables y portátiles, llegando a pesar, tan solo, entre 1,5 y 2 kg. Además, la Inteligencia Artificial se ha aplicado también a dichos dispositivos: distintos idiomas, instrucciones e, incluso, autoconciencia sobre la necesidad de utilizar descargas eléctricas a la víctima o si es preferible realizar una Reanimación Cardiopulmonar (RCP).

¿Dónde puedo encontrar un desfibrilador?

Debido a la funcionalidad que se le ha proporcionado a estos aparatos, hoy en día es posible encontrarlos en distintos tipos de lugares e instalaciones que no sean exclusivamente sanitarias, aunque no en todos, evidentemente. Con ello se asegura que haya una solución rápida y eficaz ante la posibilidad de que una persona sufra una parada cardíaca, ya que estos dispositivos consiguen la recuperación del ritmo cardíaco normal hasta en un 90% de las ocasiones y, además, sin dejar secuela en la persona infartada.

Todo ello se debe a que en los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de todos los afectados por un Infarto Agudo de Miocardio (IAM) un 30% de ellos fallece antes de conseguir llegar a un centro sanitario. Por ello, para evitar esto, se conciencia, cada vez más, de la necesidad de implantar este tipo de dispositivos en diversos espacios y lugares con el fin salvar vidas.

Asimismo, no encontramos solo la importancia de colocar desfibriladores en lugares no necesariamente sanitarios, sino de dotar de la formación necesaria a las personas que allí se encuentren. Cierto es que el aparato en sí proporciona instrucciones suficientes a la persona que socorre a la víctima infartada, pero, tal y como ya se ha mencionado, este mismo dispositivo puede ordenar la realización de una RCP, la cual no es realizada por el desfibrilador, evidentemente.
La necesidad de una formación se refleja en las estadísticas: tan solo 1 de cada 5 personas que sufren una parada cardíaca extrahospitalaria (fuera de un hospital) recibe reanimación por parte de los testigos que allí se encuentren. Por ello, una formación adecuada, en RCP aunque sea, contribuiría también a salvar numerosas vidas y disminuir las secuelas neurológicas de las víctimas.

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