A pesar de la crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia de la COVID-19, los hoteles y alojamientos turísticos se constituyen como espacios en los que hay una gran afluencia de personas, más ahora que se aproxima el verano y la situación turística comienza su remontada y normalización. Por ello, en este sector es completamente recomendable la instalación de desfibriladores para evitar posibles accidentes.

Además, no se trata únicamente del constante flujo de personas que reciben los hoteles, sino del amplio rango de edad que poseen las personas que lo frecuentan, desde personas que tengan algún problema cardíaco, hasta personas mayores que tienen un mayor riesgo de sufrir alguna anomalía. Es más, el 73% de los clientes prefieren que un hotel posea un desfibrilador, por lo que existe una mayor concienciación social sobre los beneficios de estos dispositivos.

Los cinco primeros minutos tras un paro cardíaco son fundamentales para salvar a la víctima. Por cada minuto que pasa las probabilidades de supervivencia se reducen entre un 7% y un 10%. Por ello, la instalación de desfibriladores es imprescindible, ya que así habrá alguno próximo a la persona infartada y a aquellos que vayan a socorrerlo.

Sin embargo, esto no llega a ser suficiente, es decir, también es necesario la formación en reanimación cardiopulmonar (RCP) de los trabajadores de la instalación. Esto proporciona aún más seguridad a los clientes, ya que el hecho de que no solo el personal sanitario del hotel o alojamiento posea este tipo de formación hace que cualquiera pueda socorrer a la víctima, por lo que se sentirá en un entorno más seguro.

La importancia de instalar desfibriladores

El pasado año, a raíz de la crisis sanitaria de la COVID-19, la Junta de Andalucía hizo hincapié en instalar desfibriladores para potenciar el turismo. La Junta creó la categoría de ‘Hotel de Gran Lujo’. Esta se obtiene en función de una serie de puntos que acumulan los hoteles según los servicios que ofrezcan, entre ellos: la presencia de desfibriladores. El propio Decreto-ley 13/2020, de 18 de mayo, menciona lo siguiente: “Los comportamientos de la demanda sin duda cambiarán en la búsqueda de condiciones de seguridad”.

La pandemia ha puesto las cartas sobre la mesa, posicionado a la sanidad como el principal interés social. Por ello no es de extrañar que se trate de concienciar continuamente del valor que tiene esta y la importancia de evitar riesgos. Con ello se pretende, además, potenciar un sector tan perjudicado por la COVID-19 como lo ha sido, y es, el hotelero.

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