Al igual que ocurre en las playas, las piscinas también deben constituirse como espacios cardioasegurados. Con la llegada del buen tiempo en primavera y en verano, las piscinas se convierten en espacios muy concurridos por una amplia variedad de perfiles de personas. Diversos rangos de edad, de condiciones físicas y, también, de antecedentes de problemas cardíacos.

En verano solemos estar de vacaciones, pero las paradas cardiorrespiratorias no lo están. Además, estas suelen aumentar debido al incremento en la ingesta de alcohol o a que solemos olvidar nuestros hábitos saludables con la comida, por ejemplo. A ello se le suman las condiciones de la propia piscina que pueden incentivar una parada cardiorrespiratoria.

Numerosos estudios apuntan a que la inmersión rápida en agua fría, sumada a la contención de la respiración, puede provocar ciertas reacciones corporales que desemboquen en conflictos a nivel del corazón. Es decir, la respuesta del cuerpo al choque frío es acelerar el ritmo cardíaco y generar hiperventilación. Esto entra en conflicto con aguantar la respiración y con las técnicas de buceo para conservar el oxígeno. Lo cual aumenta, por tanto, las probabilidades de sufrir un paro cardíaco en un espacio en el que puede ser difícil socorrer a la víctima.

Cómo actuar hasta que lleguen los servicios de emergencia

En el caso de que seamos testigos de una parada cardiorrespiratoria es una piscina, ¿cómo se debe actuar hasta que lleguen los servicios de emergencia o una persona suficientemente cualificada? En primer lugar, se llamará a los servicios de emergencia para que vengan cuanto antes. Se debe asegurar el entorno, ya que seguramente habrá una multitud de personas alrededor. Esto dificulta la realización de la RCP y no permite que la víctima respire todo el oxígeno que necesita. Además, pueden resultar dañados si están mojados por la descarga del desfibrilador, ya que el agua conduce la electricidad.

Posteriormente, encenderemos el desfibrilador y colocaremos los parches sobre el pecho descubierto de la víctima. Este realizará un rápido diagnóstico del estado de la víctima. Seguidamente ordenará si se debe realizar una RCP o si, por el contrario, se procederá a la emisión de descargas eléctricas. Gracias a este dispositivo, la víctima puede salir ilesa de una parada cardiorrespiratoria y, además, se le otorga asistencia sanitaria de forma rápida. Los servicios de emergencia pueden llegar cuando sea imposible reanimar al paciente.

Las ventajas que otorgará la presencia de un desfibrilador en la piscina serán, entre otras:

  • Aumento del prestigio y de la calidad de la piscina.
  • Generación de seguridad a las personas que vayan a esta piscina.
  • Promoción de un servicio de salud integral.
  • Salvación de vidas.
  • Proporción de asistencia médica en tiempo real y de forma precoz.

Por último, cabe destacar que, al igual que ocurre en las playas, las piscinas (exceptuando las de interior) suelen tener visitantes únicamente en temporadas primaverales y veraniegas. Por lo que gracias a la opción del renting de desfibriladores externos semiautomáticos (DESA), los propietarios no tendrán que pagar un desfibrilador que se usará durante X meses. Esto supone un ahorro de costes en cuanto al precio del propio desfibrilador y al mantenimiento que este requiere.

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