El mantenimiento de los desfibriladores externos automáticos y semiautomáticos (DEA y DESA, respectivamente) es algo fundamental para asegurar su correcto funcionamiento. Los segundos (DESA) son muy fáciles de usar, pero requieren, al igual que los DEA, una gestión e inspecciones constantes. Todo ello es necesario para asegurar que funcionen y que no presenten alguna carencia en el momento de utilizarlo. Así como para cumplir con las normativas que en cada comunidad autónoma haya.

A nivel estatal encontramos el Real Decreto 365/2009, de 20 de marzo, por el que se establecen las condiciones y requisitos mínimos de seguridad y calidad en la utilización de desfibriladores automáticos y semiautomáticos externos fuera del ámbito sanitario. Este decreto afirma que “los organismos, empresas e instituciones públicas y privadas que instalen un DESA serán responsables de garantizar su mantenimiento y conservación, de acuerdo con las instrucciones del fabricante”.

Asimismo, el RD 365/2009 establece, también, las sanciones y consecuencias legales a las que se enfrentan aquellos que cometan infracciones de acuerdo al capítulo VI del título I de la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad. Esta diferencia entre infracciones leves, graves y muy graves; en función del daño causado y si la realización es consciente y deliberada, entre otros. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, las sanciones económicas rondan entre los 600 y los 600.000 euros.

El DESA es un tipo de desfibrilador que no requiere un mantenimiento costoso y diario. Además, el mismo aparato realiza autocomprobaciones de forma periódica con el fin de detectar cualquier problema técnico o avería. En el caso de que algo no funcione correctamente, el DESA avisará de ello mediante señales luminosas y acústicas. La batería, los electrodos, los parches, el software o el material sanitario, son algunos de los imprescindibles para asegurar el funcionamiento del desfibrilador.

Cómo realizar el mantenimiento del desfibrilador

En cuanto a los electrodos, se debe controlar su fecha de caducidad, la cual está en torno a los 3 o 4 años. Además, se ha de comprobar que no se encuentren manipulados. Estos dos factores influyen en el deterioro del gel que permite que los parches se adhieran al cuerpo del paciente. La duración aproximada de la batería de este tipo de desfibriladores es similar a la de los electrodos, es decir, unas 30 o 60 descargas.

Por su parte, el software se debe actualizar acorde a las modificaciones que se realicen en el protocolo de actuación. Dichas modificaciones se realizan cada cuatro años, cuando se reúnen las principales sociedades científicas, a nivel mundial, en el campo de la reanimación cardiopulmonar.

El material sanitario está conformado por la tijera corta ropa, la rasuradora, las gasas para secar el sudor del tórax u otro líquido, y la mascarilla con válvula antirretorno para para realizar las ventilaciones. Todo ello deberá estar, también, en perfecto estado, debido a que, si alguno de estos elementos no lo está, la reanimación puede retrasarse o no ser del todo efectiva. Asimismo, otros elementos a tener en cuenta para el correcto mantenimiento de las zonas cardioaseguradas son el estado y limpieza de la vitrina en la que se encuentra el DESA, así como el estado de la señalética del desfibrilador.

Todos estos factores permiten el correcto funcionamiento del DESA. Si no se lleva a cabo un control de ellos se pone en juego la vida de una persona con parada cardiorrespiratoria. Asimismo, la persona responsable se arriesga a ser sancionada por una infracción grave. Por tanto, si realmente queremos dotar de seguridad a nuestras instalaciones, lo correcto será llevar al día el mantenimiento de nuestros desfibriladores.

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