Las costas españolas suelen ser un reclamo turístico durante todo el año, pero especialmente más en la temporada primaveral y veraniega. Debido a la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, el verano de 2020 supuso un golpe sin precedentes para el turismo y la economía española. No obstante, las previsiones son optimistas: se espera que Andalucía reciba un 51% más de visitantes en comparación con el verano del pasado 2020. El turismo es el principal motor de la economía andaluza, una economía que trata de remontarse tras recibir en el verano pasado a, tan solo, 13,3 millones de turistas. Por el contrario, se prevé que la cifra de visitantes alcance los 19,5 millones. Todo ello con casi el 90% de la oferta de alojamientos de la comunidad operativa.

La llegada del verano, y de los turistas

La llegada de estos turistas durante el verano, especialmente en las costas andaluzas, provoca que estas alberguen a mucha más población de la que acostumbran. El resultado es que en numerosas ocasiones las ciudades o pueblos que acogen a estos visitantes no disponen de suficientes recursos. Esto desemboca en que los servicios sanitarios locales puedan colapsar. Es por ello que, tristemente, muchas veces los puestos de socorristas de las playas se convierten en centros de salud improvisados. El fin de estos recae en atender a aquel que lo necesite o sufra un accidente en las playas andaluzas.

Es más, se debe tener en cuenta que las playas son lugares públicos a la que acceden todo tipo de personas sin importar edad, género, estrato social o estado de salud. A causa de esta variedad de personas, la probabilidad de que haya una parada cardiorrespiratoria es mucho mayor que en otros espacios. Además, es de tener en cuenta que las condiciones climatológicas de las playas pueden influir notablemente en ello.

La importancia de los desfibriladores en las playas

Los socorristas, por su parte, están en la obligación de atender a aquellas personas que precisen de asistencia sanitaria. Están totalmente cualificados para actuar ante una parada cardiorrespiratoria mediante una RCP (Reanimación Cardiopulmonar). No obstante, esta puede resultar ineficaz y, por ende, se hace necesario el uso de un desfibrilador para poder reanimar a la persona infartada. Por ello se hace tan primordial la presencia de estos aparatos en todos los puestos de socorristas, ya que tras 10 minutos de paro cardíaco, la persona no puede ser reanimada y termina falleciendo. Asimismo, los servicios sanitarios pueden, perfectamente, tardar más de estos 10 minutos en llegar al lugar en cuestión, más aún si se trata de una playa.

Sin embargo, la opción más rentable para las playas será siempre el alquiler de desfibriladores. Esto se debe a que en invierno el flujo de personas es muchísimo menor, por no decir casi nulo. Por tanto, lo más óptimo será alquilar estos desfibriladores externos semiautomáticos (DESA) únicamente en aquellos meses en los que se precise, y así ahorrarnos la compra y el mantenimiento continuo.

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